Nada de esto fue improvisado. El segundo capítulo se escribió con planeamiento mesurado y paciencia quirúrgica. Washington entendió que el verdadero poder no estaba solo en el Palacio de Miraflores, sino en la estructura criminal del Cartel de los Soles. Por eso, la operación se concentró en cazar finanzas, rutas, mandos y protecciones, penetrando territorio venezolano con inteligencia precisa, acumulando información y debilitando la columna vertebral de la organización que convirtió al Estado en una plataforma criminal.
En paralelo, existió una aproximación política silenciosa. El gobierno de Estados Unidos exploró una salida negociada con Nicolás Maduro, ofreciéndole garantías de exilio y una transición democrática controlada que evitara un colapso interno. La propuesta no era humillación, sino una puerta de salida que permitiera a Venezuela recomponer su institucionalidad sin sangre ni caos, entendiendo el desgaste social y económico que asfixiaba al país.
Sin embargo, la presión interna fue más fuerte. Maduro no gobernaba solo. A su alrededor operaba una red de inteligencia cubana, con influencia directa de los hermanos Rodríguez, y el poder real de Diosdado Cabello. Detrás del discurso político se movía una mafia enquistada que no estaba dispuesta a perder privilegios ni a enfrentar tribunales internacionales. Tal vez hubo intención de negociar, pero el cerco interno fue tan asfixiante como el externo.
Así se lanzó la Operación Resolución Absoluta. Venezuela no resistió el asedio estratégico de Estados Unidos y se produjo la extracción de Maduro como punto culminante de una operación diseñada para ser rápida, precisa y decisiva. No fue un acto aislado, sino el cierre de un proceso prolongado de desgaste, aislamiento y superioridad operativa.
Lo más duro, sin embargo, viene ahora. Existen indicios de que Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, presuntamente, contemplan escenarios de guerra de guerrillas internas y provocaciones armadas, apostando a un conflicto terrestre que obligue a un nuevo ingreso del ejército estadounidense. Es la lógica del caos como última defensa de quienes saben que el poder se les escapa.
Será difícil que estos actores entreguen el control sin resistencia. Pero para Estados Unidos no es imposible extirpar el cáncer del Cartel de los Soles, una estructura que pone en riesgo la seguridad nacional de casi toda América Latina. Desde territorio venezolano han operado y entrenado células de Hezbolá y Hamás, organizaciones terroristas que han puesto al mundo en vilo y que encontraron allí un santuario funcional.
La Operación Resolución Absoluta fue tan efectiva que la guardia cubana encargada de proteger a Maduro no logró enfrentar la experiencia ni el entrenamiento de la Fuerza Delta. La operación militar fue impecable, sin margen para el error, demostrando una superioridad táctica incuestionable.
Las unidades de la Fuerza Delta combinan capacidades de las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos, la Infantería de Marina y los SEALs. Son entrenadas específicamente para este tipo de misiones. Realizaron réplicas exactas del lugar donde se encontraba Maduro, ensayaron una y otra vez el asalto y perfeccionaron cada movimiento. Esa preparación exhaustiva fue la clave del éxito y el símbolo de que, cuando la decisión está tomada, la historia puede cambiar en silencio pero de forma irreversible.
**Esta columna, expone reflexiones personales del autor sobre temas de seguridad, defensa y convivencia; por lo tanto, las ideas aquí expuestas no representan posiciones institucionales ni comprometen a entidad alguna**
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