jueves, 19 de febrero de 2026

Bajo el inclemente sol en Galilea

Un breve experiencia de un día de mi vida.   Por: Carlos Cotes Maya

El 15 de julio de 2023 recorrí el norte de Israel, en una travesía que combinó historia, fe y una prueba física inesperada. Luego de visitar Cafarnaúm, conocida como la ciudad de Jesús, estuve en la casa de Pedro, donde las escrituras sagradas señalan que vivió el Maestro, a pocos metros del Mar de Galilea. Me acerqué a la orilla y sumergí mis manos en sus aguas tibias. La temperatura superaba los 46 grados centígrados. El calor no era una sensación, era una presencia dominante, casi opresiva.


Después nos dirigimos al lugar donde Jesús multiplicó los panes y los peces, signo de provisión en medio de la escasez. Con mi grupo de amigos, becarios en estudios avanzados en seguridad ciudadana,  almorzamos en la región de Galilea. Tras un breve reposo, ascendí al Monte de las Bienaventuranzas, escenario del sermón relatado según el Evangelio de Mateo 5:1-2: “Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba…”.


Eran cerca de la 1:30 p.m. El calor era supremamente insoportable. Caminé el monte de las Bienaventuranzas leyendo los letreros históricos, buscando a la vez la sombra de algún árbol que mitigara la radiación inclemente. A los 25 minutos, la sofocación fue inmediata. Sentí una descompensación física que me obligó a regresar al parqueadero y subir al bus que nos transportaba, con el aire acondicionado al máximo. Fue una lección de humildad corporal en un lugar donde la historia sagrada convive con condiciones climáticas extremas, y a la vez me preguntaba como vivían en la época de Jesús, y analizando como soportan las temperaturas los beduinos en los desiertos de Israel.

Al finalizar la tarde llegamos al Río Jordán, lugar donde fue bautizado Jesús. El calor persistía, pero esta vez decidí sumergirme por completo en sus aguas. El agua fue alivio y símbolo; refrescó el cuerpo y renovó mi espíritu.


Recorrer la Tierra Santa, transitar los lugares donde Jesús vivió, donde predicó en las sinagogas de Cafarnaúm y proclamó las Bienaventuranzas, es una experiencia que trasciende el turismo religioso. Es confrontarse con la geografía real de la fe, con el peso histórico de los textos y con la fragilidad humana ante la naturaleza. Bajo el sol abrasador de Galilea comprendí que la espiritualidad no es evasión, sino encuentro con la historia, con uno mismo y con nuestro Dios.

Continuará...

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