viernes, 1 de agosto de 2025

Panfletos intimidatorios; entre la amenaza real y el terror simulado


Por: CARLOS ANDRÉS COTES M.

Los panfletos intimidatorios se han convertido en una de las herramientas más comunes y perturbadoras que emplean los Grupos Armados Organizados (GAO),
y Grupos Delincuenciales Organizados (GDO) para sembrar el miedo, dominar territorios y desestabilizar tanto las zonas urbanas como rurales. Comerciantes, ganaderos, líderes sociales, funcionarios y ciudadanos del común suelen ser blanco de estos documentos amenazantes que, más allá de lo escrito, buscan paralizar a sus víctimas a través del temor psicológico.

Una de las principales inquietudes de las personas que reciben o leen un panfleto amenazante es saber si el documento es veraz o si se trata de una falsa alarma con fines extorsivos. Para ello, es clave analizar varios elementos: primero, el lugar específico donde fue dejado el panfleto, ya sea físico o virtual. Luego, identificar a las personas y lugares mencionados, y entender por qué están relacionadas en el contenido: si son funcionarios públicos, si tienen antecedentes conocidos o si se han negado previamente a pagar extorsiones.

Un aspecto esencial es establecer qué grupo firma el panfleto y si efectivamente tiene presencia comprobada en la zona donde apareció el documento. Muchas veces, personas inescrupulosas utilizan los logos o nombres de estructuras delincuenciales sin pertenecer realmente a ellas, generando zozobra para extorsionar a nombre ajeno. En este contexto, cobra especial importancia el trabajo de inteligencia de la Fuerza Pública, que se encarga de rastrear el origen del panfleto, verificar la veracidad de la amenaza e identificar si los grupos mencionados tienen dominio real en la región.

La comunidad también desempeña un papel importante. Las entrevistas con personas que aparecen amenazadas, los patrones de intimidación y las denuncias previas permiten trazar rutas que pueden desenmascarar si se trata de una acción auténtica de un grupo armado o una farsa de la delincuencia común que busca lucrarse del miedo ajeno. El oportunismo criminal muchas veces se camufla en el anonimato y la falta de denuncia de estas situaciones.

Un fenómeno preocupante que se deriva del efecto psicológico de estos panfletos es el desplazamiento intraurbano. En muchas ciudades, personas afectadas por amenazas deciden abandonar su barrio o comuna para proteger su vida. Estos movimientos silenciosos no siempre son visibles para las estadísticas oficiales, pero reflejan cómo la lucha territorial por el microtráfico y la extorsión también se traduce en una forma encubierta de desplazamiento forzado, donde los grupos criminales imponen su dominio a través del miedo.

Si una persona encuentra su nombre en un panfleto intimidatorio, lo primero que debe hacer es acudir inmediatamente a las autoridades competentes. Es fundamental no caer en el pánico, pero sí tomar medidas serias. Informarse con la Fuerza Pública sobre la autenticidad del documento, iniciar un protocolo de protección personal y adoptar medidas preventivas que garanticen su seguridad y la de su entorno cercano.

Los panfletos son una forma moderna de terror impreso. Saber distinguir entre la amenaza real y la simulada puede marcar la diferencia entre caer en el juego del miedo o enfrentarlo con información, inteligencia y acción institucional. La denuncia oportuna y la articulación entre comunidad y autoridades son claves para desactivar estas armas silenciosas que, sin disparar una sola bala, pretenden someter poblaciones enteras.

  

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