Hablar de Poncho Cotes Jr. es hablar de costumbrismo, de talento natural, de melodías que nacían del alma y de esa picardía musical tan propia de los grandes juglares vallenatos. Hoy, cuando recordamos su cumpleaños número 73, es imposible no detenernos por un momento para rendir homenaje a un hombre que dejó una huella imborrable en la música vallenata y en el corazón de quienes tuvimos la fortuna de compartir con él.
Mi tío Poncho no solo fue un destacado compositor. Quienes lo conocieron saben que su mayor encanto estaba en su voz melodiosa, en esa manera única de interpretar cada canción como si estuviera contando una historia alrededor de una parranda interminable. Su canto tenía sentimiento, autenticidad y ese sabor que solo poseen los artistas genuinos.
Son muchas las anécdotas que guardo en la memoria, pero hay una que siempre me roba una sonrisa. Hace algunos años estábamos grabando un CD homenaje a mi abuelo, Poncho Cotes. Ya teníamos listas todas las pistas musicales y solo faltaba registrar las voces de los intérpretes. Llegó entonces el turno de mi tío.
Fiel a sus costumbres y convencido de sus propias fórmulas artísticas, decidió prepararse a su manera. Su teoría era sencilla, para lograr ese tono ronco y ese "dejao" parrandero que tanto caracterizaba su canto, debía tomarse unos tragos la noche anterior. Y no fueron pocos. Se metió una whiskera completa y al día siguiente llegó al estudio con el guayabo encima, pero con la voz exactamente como la quería. Grabó sus canciones y dejó plasmado para siempre ese estilo inconfundible que hoy seguimos escuchando y recordando.
Poncho era irreverente. Vivía bajo sus propias reglas. Terco, auténtico y dueño de una personalidad imposible de ignorar. Pero cuando llegaba la parranda se transformaba en un verdadero bárbaro del canto. No le gustaban las conversaciones que interrumpieran la música. Ponía una butaca en el centro, se subía en ella y comenzaba a cantar. Desde ese instante todo giraba alrededor de sus canciones, de sus historias y de su extraordinaria capacidad para conectar con la gente.
Su legado permanece vigente. Sus composiciones continúan siendo referencia obligada dentro del folclor vallenato y siguen inspirando a nuevas generaciones de artistas. Aunque nació en Manaure, fue Villanueva la tierra que lo adoptó como uno de sus hijos más queridos. Allí recibió un apodo que nadie discutía y que se ganó con méritos propios: "El Rey de Cunas". Ningún otro compositor logró superar el impacto de sus canciones en los concursos de canción inédita donde participó en el Festival vallenato Cuna de Acordeones, y ganador en 4 oportunidades, con canciones como: "El Corazón del Pueblo", "Mi viejo y Yo", "La Fea", y, ganador Rey de Reyes con el paseo, "Aquí queda el cielo". asi como también fue ganador en el Festival de la Leyenda Vallenata en el año 2010, con el paseo "La Ultima Historia"
Hoy, aunque ya no está físicamente entre nosotros, permanece vivo en cada acorde, en cada verso y en cada recuerdo compartido. Sus canciones siguen sonando y su voz continúa viajando por las parrandas, las emisoras y la memoria colectiva de nuestro pueblo.
Feliz cumpleaños, tío Poncho. Que en el cielo también haya acordeones, y parrandas interminables para celebrar tus 73 años. Aquí, en la tierra, seguimos escuchando tus canciones, recordando tus ocurrencias y agradeciendo el inmenso legado que nos dejaste. Porque los grandes artistas nunca se van del todo. Se quedan viviendo para siempre en la música y en el corazón de su gente.
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