Por: Carlos Cotes
Las guerras del siglo XXI están demostrando que el poder militar ya no depende únicamente de aviones de combate, misiles de precisión o sofisticados sistemas de armas. Hoy, un dron comercial modificado con explosivos puede convertirse en un instrumento de terrorismo capaz de destruir infraestructura crítica, afectar operaciones militares y causar numerosas víctimas en cuestión de segundos. Lo ocurrido en la guerra entre Rusia y Ucrania dejó una lección contundente: la amenaza evolucionó más rápido que las doctrinas de defensa y, en muchos casos, incluso más rápido que la tecnología diseñada para neutralizarla.
La experiencia internacional evidencia que los modernos sistemas antidrones representan una capacidad indispensable, pero no infalible. La constante innovación de los drones, la adaptación de sus sistemas de navegación, la reducción de su firma electrónica y el empleo de ataques coordinados han puesto a prueba incluso a las fuerzas militares más avanzadas del mundo. En consecuencia, la defensa efectiva exige combinar tecnología de última generación con capacidades complementarias que permitan responder durante los segundos críticos previos al impacto.
Colombia no puede asumir que esta amenaza permanecerá distante. Los Grupos Armados Organizados han demostrado una permanente capacidad para incorporar nuevas tecnologías y adaptar sus métodos de violencia. El empleo de drones con explosivos contra estaciones de Policía, batallones, bases militares, infraestructura energética, instalaciones estratégicas o incluso contra la población civil constituye un escenario que exige preparación inmediata y no únicamente planificación futura.
En este contexto, la industria militar nacional adquiere una importancia estratégica. Indumil posee la capacidad de fabricar la escopeta Santander calibre 12, un equipo ampliamente conocido por la Fuerza Pública que, acompañado de entrenamiento especializado, doctrina operacional y protocolos claros de empleo, podría incorporarse como una capacidad complementaria de defensa de corto alcance frente a drones de baja altura cuando no existan medios electrónicos disponibles o estos resulten insuficientes.
No se trata de sustituir los sistemas antidrones de alta tecnología. Todo lo contrario. Colombia debe avanzar decididamente en su adquisición. Sin embargo, también es necesario reconocer que los procesos de estructuración, contratación, importación, pruebas e implementación de estos sistemas demandan tiempo. Mientras esas capacidades llegan al país, la amenaza continúa evolucionando y ningún procedimiento administrativo detendrá un ataque terrorista.
Por ello, este también es un respetuoso llamado al nuevo Presidente de Colombia para que incorpore esta realidad dentro de la agenda de seguridad nacional. La protección de la Fuerza Pública y de la población civil requiere decisiones oportunas, combinando inversión tecnológica con soluciones nacionales disponibles de manera inmediata. Cada mes que transcurra sin fortalecer la capacidad defensiva representa una ventana de vulnerabilidad que podría ser aprovechada por organizaciones criminales.
La preocupación aumenta frente a la posibilidad de ataques mediante enjambres de drones, una modalidad que consiste en el empleo simultáneo de múltiples aeronaves no tripuladas para saturar las defensas, dificultar la reacción y multiplicar los efectos destructivos. Un ataque de esta naturaleza contra una estación de Policía, un batallón o una instalación estratégica podría generar numerosas víctimas y comprometer seriamente la capacidad de respuesta institucional.
La historia demuestra que los conflictos no esperan a que concluyan los procesos de contratación pública. La mejor defensa siempre será la anticipación. Fortalecer a Indumil, aprovechar su capacidad industrial y dotar oportunamente a la Fuerza Pública de herramientas complementarias como la escopeta Santander calibre 12 puede constituir una medida práctica mientras el país consolida una arquitectura integral de defensa antidrón. Prepararse hoy no significa asumir que el ataque ocurrirá; significa garantizar que, si ocurre, Colombia esté en mejores condiciones para proteger a quienes diariamente arriesgan su vida por la seguridad de todos.
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