Por: Carlos Cotes
En seguridad y defensa, los mayores riesgos no siempre provienen de acontecimientos imprevisibles. Algunos se anuncian mediante señales, antecedentes y cambios en las capacidades de los actores armados, pero las instituciones no siempre reaccionan con la anticipación necesaria. Para comprender esta realidad resulta útil el concepto de cisne gris: un acontecimiento de alto impacto cuya ocurrencia es difícil de precisar, pero cuya posibilidad puede identificarse y frente al cual es posible prepararse.
La expresión se relaciona con la literatura sobre riesgos extremos y se distingue del cisne negro, popularizado por Nassim Nicholas Taleb, que describe acontecimientos de muy difícil anticipación y consecuencias extraordinarias. El cisne gris, en cambio, permite reconocer amenazas plausibles que, pese a su incertidumbre, pueden analizarse y gestionarse mediante inteligencia, planeación y prevención.
En el contexto colombiano, el empleo de drones cargados con explosivos contra estaciones de Policía, unidades militares y otros objetivos, con riesgos para la población civil, obliga a examinar esta categoría desde una perspectiva estratégica. La incorporación de estos sistemas a las capacidades ofensivas de grupos armados ilegales modifica las condiciones tradicionales de protección de las instalaciones y plantea desafíos tecnológicos, operacionales e institucionales.
El problema no radica únicamente en la existencia de drones con capacidad ofensiva. También preocupa la velocidad con la que evoluciona esta amenaza frente a las capacidades disponibles para detectarla, identificarla y neutralizarla. Cuando las instituciones carecen de sistemas suficientes, interoperabilidad, protocolos adecuados o personal entrenado, una amenaza conocida puede convertirse en una crisis de consecuencias superiores a las previstas.
Aquí aparece la relación con el cisne gris. No necesariamente es inesperado que ocurra otro ataque cuando existen antecedentes de esta modalidad. Lo incierto es cuándo sucederá, dónde, con qué intensidad y cuáles serán sus consecuencias. Una eventual expansión territorial, la concurrencia de varios ataques o la afectación simultánea de instalaciones y población civil constituyen escenarios que deben incorporarse a la planeación, sin presentarlos como acontecimientos inevitables.
La lección es contundente, la incertidumbre sobre el próximo ataque no significa desconocimiento de la amenaza. Si existen antecedentes y señales que permiten reconocer el riesgo, la preparación institucional no puede depender exclusivamente de la ocurrencia de nuevos hechos.
La respuesta tampoco puede reducirse a comprar equipos antidrones. Se requiere una capacidad integral que articule detección temprana, identificación, protección física, medios de respuesta, comunicaciones seguras, capacitación y coordinación entre las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y las autoridades territoriales. Cada tecnología debe evaluarse según su función, eficacia, interoperabilidad, sostenibilidad y condiciones legales de empleo.
Igualmente, es indispensable fortalecer la inteligencia y la evaluación de vulnerabilidades, establecer protocolos para proteger a la población civil y desarrollar ejercicios que permitan medir la capacidad de respuesta ante emergencias simultáneas. La planeación debe contemplar no solamente el ataque, sino también sus efectos sobre la continuidad operativa, los servicios esenciales y la confianza ciudadana.
En el concepto de cisne gris, las amenazas conocidas pueden adquirir dimensiones extraordinarias cuando se subestiman, se aplazan las inversiones necesarias o se mantienen brechas de preparación que ya han sido identificadas.
Colombia necesita avanzar hacia una seguridad que combine reacción y anticipación, inteligencia y tecnología, prevención y resiliencia. No es posible eliminar toda incertidumbre, pero sí reducir vulnerabilidades y preparar a las instituciones para responder con mayor eficacia.
En definitiva, el desafío no consiste en adivinar cuándo aparecerá el próximo dron, sino en evitar que su aparición encuentre al Estado sin las capacidades necesarias para proteger la vida y preservar la seguridad. El cisne gris no exige predecir el futuro: exige reconocer los riesgos plausibles y prepararse antes de que sus consecuencias sean irreversibles.

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